A mediados de octubre el paseo marítimo recupera su ritmo de siempre. Las toallas desaparecen de la arena, los chiringuitos bajan la persiana y en el tren de cercanías vuelven a sentarse los de cada día. Para quien vive en Sant Andreu de Llavaneres, este es probablemente el mejor momento del año, el pueblo sigue teniendo el mar a un paso, pero ahora con calma.
El otoño en el Maresme tiene otro sabor. Hay menos gente y más sitio en las terrazas. La luz, además, acompaña. Estos son algunos planes para aprovechar estas semanas en el pueblo y alrededores, sin necesidad de ir muy lejos.
Caminar por el Montnegre y el Corredor
El parque natural del Montnegre i el Corredor queda a poca distancia de Llavaneres y es una de las mejores excusas para cambiar la playa por la montaña. En otoño los encinares y alcornocales se llenan de setas, el suelo huele a tierra húmeda y las temperaturas permiten caminar varias horas sin el agobio del verano.
Hay rutas para todos los niveles, desde la subida al Turó Gros, el punto más alto del Montnegre, hasta paseos cortos alrededor del santuario del Corredor. Los más andarines pueden enlazar senderos entre ermitas y masías antiguas, mientras que las familias suelen preferir recorridos cortos que acaban en un mirador o en una fuente donde parar a merendar. Conviene llevar calzado cerrado y algo de abrigo, porque en cuanto el sol se esconde detrás de la sierra la temperatura baja rápido.
Si se sale a buscar setas, la norma de oro es no recoger nada que no se conozca con total seguridad. Los ayuntamientos de la comarca y las asociaciones micológicas organizan cada otoño salidas guiadas, una forma estupenda de aprender sin correr riesgos.
Tardes largas en casa, cartas y juegos de mesa
Con los días más cortos, muchas tardes acaban alrededor de una mesa. El otoño es la temporada de las partidas de cartas en familia, del parchís con los más pequeños y de los juegos de estrategia que en verano se quedan en el armario. En el Maresme, como en buena parte de Cataluña, la tradición de reunirse a jugar sigue muy viva. En casales y bares de toda la vida todavía hay mesas reservadas para la partida.
Y quien, además de la partida del casal, se anima a jugar también por internet, debería informarse bien antes de abrir una cuenta en cualquier plataforma. Para eso sirven guías como la de los mejores casinos online de España que repasan qué operadores cuentan con licencia para funcionar en el país y qué condiciones ofrece cada uno. Es un ocio pensado exclusivamente para mayores de edad, y la idea es la misma que con cualquier partida en casa, marcarse un tope de gasto y de tiempo antes de empezar y no saltárselo.
Para quien prefiere lo analógico, las ludotecas y asociaciones de juegos de mesa de la comarca organizan encuentros abiertos, a menudo gratuitos, donde se puede probar novedades sin tener que comprarlas. Son una buena forma de conocer gente nueva en una época del año en la que la vida social se traslada del exterior al interior.
La castañada y la cocina de temporada
Pocas fechas marcan tanto el otoño catalán como la castañada. La noche del 31 de octubre y el día de Todos los Santos, las casas se llenan del olor a castañas asadas y boniatos, y no faltan los panellets. Muchas familias del Maresme mantienen la costumbre de preparar los panellets en casa, con su base de almendra y patata o boniato y la versión de piñones como clásico indiscutible.
Además de la castañada, el otoño trae a los mercados municipales productos que en verano escasean. Setas y calabazas ocupan las paradas, y los restaurantes de la zona aprovechan para renovar sus cartas con guisos, arroces de montaña y platos de caza. Vuelven los platos de cuchara. En julio nadie los quiere ver.
Los productores locales también tienen su peso. El Maresme es conocido por sus huertas y por el guisante, y en esta época algunos agricultores venden directamente en ferias y mercados semanales. Comprar allí no solo garantiza producto fresco, también mantiene viva la economía de los pueblos de la comarca.
Escapadas en tren por la costa
Una de las grandes ventajas de vivir en Llavaneres es la línea de cercanías que recorre toda la costa. En pocos minutos se llega a Mataró, la capital comarcal, con su casco antiguo, sus museos y una oferta comercial que no cierra en temporada baja. Hacia el norte, Arenys de Mar, Canet o Calella ofrecen paseos tranquilos y puertos donde ver cómo descargan las barcas de pesca.
El tren permite además plantear excursiones sin coche y sin problemas de aparcamiento. Una mañana en Barcelona, una tarde en Blanes para recorrer su jardín botánico junto al mar o un paseo por el puerto de Arenys son planes que caben en un solo día y que en otoño se disfrutan mucho más que en pleno agosto.
El mar también es para el otoño
Que el verano haya terminado no significa que haya que olvidarse del mar. Las playas del Maresme, vacías en esta época, son perfectas para caminar al atardecer, correr por la arena o simplemente sentarse a leer con el sonido de las olas de fondo. Los más atrevidos siguen bañándose hasta bien entrado noviembre, cuando el agua aún conserva parte del calor acumulado.
Los clubes náuticos de la zona mantienen actividad durante todo el año, con cursos de vela y piragüismo que en temporada baja suelen tener más plazas disponibles. Es una oportunidad para iniciarse en un deporte que en verano exige reservar con semanas de antelación.
Un otoño a medida
El atractivo del Maresme fuera de temporada está precisamente en su ritmo. No hace falta llenar la agenda, basta con alternar una ruta por la montaña, una comida de temporada y una tarde tranquila en casa para que las semanas pasen sin prisas. Para los vecinos de Sant Andreu de Llavaneres, el otoño es la estación en la que el pueblo vuelve a ser suyo, y merece la pena disfrutarlo.
